Hemos de considerar dos principales aspectos, de la ética antes de relacionarla con Prevención de Riesgos.
La primera es que la ética parte de la vida y pretende fortalecerla.
La segunda es que la ética no tiene nada que ver con las órdenes o costumbres que exigen algunos empresarios o jefes.
Las órdenes vienen de fuera y son obedecidas por muchas causas, a veces por miedo (miedo al despido), por confianza (tenemos estima profesional), e incluso por costumbre o por propio diseño del puesto de trabajo.
La costumbre es tomada como motivo de acción por comodidad, por falta de reflexión, por repetición o por sociabilidad.
La ética tiene más fuerza del deseo.
El deseo se genera en nuestro interior y por ello tiene una gran fuerza, por lo general suele estar poco relacionado con el trabajo.
En prevención de riesgos laborales, parece que lo “bueno” y lo “malo” es sencillo de ver, ya que no se trata de analizar comportamientos morales.
Los oficios y las máquinas responden a unas normas de utilidad específicas; si se cumplen o mejoran las expectativas, pensaremos que el resultado es bueno.
No obstante, aparecen las personas, su libertad, su responsabilidad y con ellas, la ética.
Los humanos podemos crear el futuro, elegir (en parte), optar por lo que creemos conveniente, acertar, y equivocarnos.
Conviene, por lo tanto, fijarnos bien y adquirir un cierto saber vivir que nos permita tener más aciertos que errores, A ese saber vivir llamamos ética.

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